Loba fue un tesoro que encontró un compañero, sentada en una acera, esperando a alguien, alguien que nunca llegó. Su dificultad al moverse y su obesidad, hacían que la creyésemos mayor de lo que realmente es.
Estuvo meses en residencia, solita, y nadie preguntó nunca por ella.
Llega el crudo frío, y Loba sigue en el refugio. Necesita que estén pendiente de ella, que la arropen con mantitas por la noche y la cubran de besos todo el día.
Tú puedes hacer que Loba recupere la vitalidad de una vida a la que aún le quedan muchas alegrías que darnos. ¿La ayudas?
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(Septiembre, macho, tamaño grande, edad enero de 2009)




